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Un premio a La Gaceta de los Negocios
No hace mucho publiqué aquí un análisis sobre la nueva Gaceta de Los Negocios. En el texto, que se puede leer aquí, defiendo que el actual diario económico-generalista es una buen ejemplo de "periodismo moderno". Tanto en su diseño como en su contenido, y su original distribución.
Por todo esto y por lo detallado en el mencionado artículo publicado en este blog, me alegro de que La Gaceta de los Negocios haya recibido el premio ÑH5, "por el mejor diseño de España en 2008. Se trata del concurso ÑH5 "Lo Mejor del Diseño Periodístico España & Portugal 2008". La Gaceta ha sido galardonada por ser el mejor diseñado en España en la categoría de 20.000 a 80.000 ejemplares y ha obtenido una mención al rediseño de 2008. (Puede ver la noticia aquí en La Gaceta)
Es sin duda una gran noticia que se premie el buen trabajo. El periodismo avanza gracias a apuestas arriesgadas como la que ha llevado a cabo La Gaceta de Los Negocios en los últimos años. Salgan bien o mal. Y con independencia del resultado empresarial de la operación, el periodismo ha ganado con este nuevo concepto de diario al que muchos mirarán de reojo en los próximos años.
Las tres ces
Crisis. Comunicación. Continuidad. Son tres ces tontas porque no enseñan nada y porque su relación es más conveniencia del firmante que vínculo demostrable. Pero tres ces, al fin, que así formulo: la Crisis también se deja ver en el mundo de la Comunicación. La Continuidad es la fórmula por la que están obtando los principales espacios radiofónicos, televisivos y mediáticos de todo tipo. Se anuncian grandes novedades para ofrecer en septiembre más o menos lo mismo que en junio.
Las tertulias de todas las radios tienen el mismo color, y la ilusión y las ganas de comenzar una nueva temporada, y hacer que sea la mejor del mundo, sólo se da en algunos medios muy excepcionales.
La Crisis también afecta a la Comunicación. Y la Continuidad -reduciendo costes- es la solución... de los más aburridos y de los más cobardes.
Septiembre o se empieza renovando y con ilusiones o no se empieza.
La nueva Gaceta de los Negocios: un periodismo moderno

Una de las razones por las que no me aburre el mundo del periodismo es por su condición informe y cambiante. Que la actualidad sea la materia prima de esta producción provoca su constante mutación. El periódico de mañana es una losa sobre el presente. Ese nervio y esa presión hacen que la prensa escrita convencional sufra las propias consecuencias de su razón de ser. Por eso muchas veces son noticia lo propios medios.
Recientemente ha sido noticia –dentro de la noticia- La Gaceta de los Negocios, tras convertirse en un nuevo periódico, con muchas variaciones con respecto a su versión anterior, y con notables diferencias con el resto de los medios impresos que abarrotan cada día nuestros quioscos. Me gustaría dedicar en fechas próximas algunos artículos en este blog a analizar algunas de las novedades y cambios más importantes de esta nueva Gaceta. La frase puede tomarse como una declaración de buenas intenciones, muy previsible en el día en que hemos comenzado las vacaciones de Popes80.com. Espero poder continuar el análisis dentro de algunos días. De todas formas, expondré a continuación una amplia parte del mismo.
La razón de mi interés en el cambio de La Gaceta no es otra que mi propia experiencia positiva. Presté atención a la anunciada salida de la nueva versión del periódico hace algunos meses y desde entonces leo frecuentemente La Gaceta de los Negocios, con una intensidad, atención y curiosidad que no alcanzo en ningún otro medio, excluyendo la televisión durante retransmisiones deportivas. Incluso en medios más afines, o cuya información me pudiera parecer más interesante, no alcanzo el nivel de profundidad e interés que logro en La Gaceta. Después de algunos meses creo haber dado con las claves de este magnetismo hacia el periódico que dirige ahora José María García Hoz.
Lo primero que han hecho –y lo han hecho muy bien- es fabricar un diseño moderno, claro y cómodo. Supongo que la apuesta por hacer un periódico en color al completo es una de las causas de haber subido hasta los 1,50 € su precio. Sin embargo, probablemente haya merecido la pena, aunque como consumidores un precio superior a la media siempre nos parecerá excesivo. Pero el diseño es la primera de las claves de la actual Gaceta. Ni El Mundo, ni el reformado El País, ni la agradable maquetación de La Razón, ni ninguno de los diarios económicos existentes pueden igualar en este aspecto -nunca mejor dicho- a la nueva Gaceta de los Negocios. Incluso ese magnífico detalle de que las "páginas salmón" no sean íntegramente "salmón" -¡qué difícil es describir esta tontería y qué facil verla con el periódico en las manos!-, sino que sean blancas pero con un amplio recuadro de fondo rosado, me parece un oportuno acierto.
La segunda clave ha sido muy comentada en ámbitos periodísticos: el giro suave pero firme de La Gaceta, desde el diario económico que era ayer hasta el diario generalista que es hoy. El secreto no está en que los lectores de prensa económica seguirán encontrando, más o menos, la misma información que antes. No. La clave está en que los que no compramos habitualmente prensa económica podemos leer un buen periódico generalista, sin necesidad de sumergirnos en el mundo de las finanzas obligatoriamente. Además, la propia parte económica del diario es ahora mucho más inteligible que la de otros periódicos. Y la razón de esto es la clave número 3.
La tercera clave de la nueva Gaceta está en convertirse en uno de los primeros periódicos en comprender que el periodismo convencional de la era Internet ha de adaptarse a los nuevos tiempos. Esto no es un deseo, una frase bonita, o una opción, sino una obligación. Una condición obligatoria para los que quieran sobrevivir en los próximos años. Ya no es tan importante recoger la última hora en los medios impresos, porque siempre Internet ganará esa batalla. Sin embargo, sí hay un amplio recorrido para mejorar en la profundidad de las informaciones y en la posibilidad de ofrecer una forma diferente de dar las noticias. En ese aspecto, La Gaceta presume de tratar de explicar por qué suceden los acontecimientos que son noticia cada día, e incluso presume también de facilitar claves para comprender lo que pasará con ellos en el futuro. Me parece que éste es uno de los grandes retos de la prensa impresa convencional del siglo XXI. Y es también la causa de que en La Gaceta uno pueda leerse todo el periódico, de principio a fin. Incluso aquellas noticias que quizá en otros medios pasaríamos por alto, porque nos interesan menos o porque no las comprendemos lo suficiente, en La Gaceta uno sí puede leerse. Allí puede leer gustosamente noticias económicas, deportivas, artísticas o científicas, porque están explicadas de una forma asequible, sin renunciar al rigor o a la calidad. Se explica el por qué de las cosas, no sólo el clásico qué, quién, cómo, cuándo. Para manifestar con claridad este cambio desde lo más pequeños detalles, los responsables de La Gaceta incluso se han atrevido cambiar las habituales, obsoletas y aburridas secciones que mantienen casi todos los medios -nacional, economía, cultura...- por el original formato "Historias / Claves / Tendencias".
La cuarta –y última que trataré hoy- clave de mi admiración por la nueva Gaceta pasa por una línea editorial flexible pero asumible. Es más que probable que yo no esté de acuerdo con muchos de los planteamientos que el periódico vierte en sus informaciones, en sus columnas o en sus editoriales. Eso es normal y sucede en todos los medios. Sin embargo, la actual Gaceta de los Negocios respeta un ideario común que fácilmente podría asumir un alto porcentaje de los lectores de diverso espectro ideológico. Se trata de aspectos políticos y sociales comunes a casi todos, como la libertad, el respeto por la democracia, la defensa de la vida, el apoyo a lo español, o el cuidado del medio ambiente. Como digo, dentro de estas pautas, uno puede después no estar de acuerdo con lo que se dice, pero La Gaceta permite ese margen que el lector de periódico siempre agradece, incluso cuando discrepa abiertamente con ciertas interpretaciones o informaciones, como a mí me sucede con mucha frecuencia.
No he podido informarme aún de cómo está siendo la repercusión en ventas de esta nueva etapa del periódico. Me dicen que no está marchando todo lo bien que podría esperarse. Es posible que el público español necesite un tiempo para asimilar este tipo de cambios. Es posible también que a los lectores les cueste asumir que deben pagar 1,50 € por un periódico que es generalmente mucho más delgado que los otros. Sin embargo, el error está ahí, en quien se queda en el aspecto. En el interior se puede comprobar que, al contrario que en otros periódicos, casi no existen páginas de trámite en La Gaceta. Todo se lee. En todo caso, habrá tiempo de hablar de todo esto cuando confirme con datos cuál está siendo el impacto de este renovado periódico económico, muy oportunamente reconvertido a semi-generalista.
Estoy convencido de que actualmente podrá haber periódicos mejores o peores que La Gaceta de los Negocios, y que el diario de García-Hoz tendrá mil y un aspectos mejorables, pero dudo mucho que haya en España algun diario más moderno, en términos puramente periodísticos. Si quienes ahora comandan la nave del periódico aguantan el tirón, el tiempo les dará la razón. E incluso aunque no aguanten, también se la dará, porque tarde o temprano los principales periódicos nacionales tendrán que salir de la Edad de Piedra en la que viven desde hace años. Pero esa es otra historia.
¿Implicación o imparcialidad en el periodismo? ¡Implicación!
Cada vez estoy más seguro de que la clave para lograr un reportaje periodístico de éxito –una historia de éxito, dicen por ahí- es implicarse en la historia del protagonista. No coincido con los que creen que la mayor virtud del periodista es saber mantenerse al margen de lo que sucede, y contar la realidad sin posicionarse. Desconfío –he hablado de esto en “Un ministro en mi nevera”- de los que dicen que practican un periodismo totalmente imparcial. Prefiero leer a quienes presumen de implicarse al máximo en las "historias" que redactan e investigan.
Porque la clave está ahí, en implicarse. En introducirse en el personaje. En el protagonista o protagonistas. Sea para despreciarlo, si se trata de un asesino, o sea para aplaudirle, si se trata de un héroe. Al implicarse en la historia que uno está contando, se sienten mejor los matices. Al entrar al fondo, uno vive experiencias cercanas a lo que cuenta, y puede ofrecer una visión más profesional, más completa. Una visión que será mucho más aceptable, también desde un punto de vista moral. Porque desde la distancia y el desinterés sólo se transmite al lector eso mismo: distancia e desinterés. Desde el entusiasmo, sin embargo, se transmite entusiasmo. Un periodista que no entusiasme a sus lectores -incluso cuando la noticia no tenga ningún interés para la mayoría- es un hombre profesionalmente muerto.
En el arte de la entrevista, por ejemplo, la implicación en el personaje es casi todo. El entrevistador es un buscador de oro sumergido en el río que recorre el corazón y la cabeza del entrevistado. El entrevistado suele tener oro, aunque no siempre esté a la vista, y no siempre sabe mostrarlo. El entrevistado, además, no siempre es buen orador.Encontrar el oro o no es éxito o fracaso del periodista. Los buenos periodistas encuentran ese oro, los juntaletras se lo inventan.
Por todas estas viejas reglas aún hay quien se empeña en recordar que el periodismo es una vocación. Hay que servir y hay que admirar la búsqueda de la verdad, la investigación, el trabajo y la literatura. Es, en fin, una vocación rara y una profesión sorprendente, a la que casi ninguna se llega a propósito.
Cerrar el grifo a los confidenciales
Los llamados "confidenciales" de internet se han convertido, de largo tiempo a esta parte, en una fuente obligada para periodistas políticos -y políticos no periodistas-, económicos, analistas diversos y adictos a la actualidad de tipo "B". Su credibilidad no está en juego, como cacarean algunos jefazos de medios convencionales, que tiemblan ante la posibilidad de que alguien les quite un trozo de la tarta. En todo caso, estará en juego tanto como la de cualquier otro medio de comunicación. Con la diferencia de que los confidenciales trabajan sobre el rumor y la investigación, sobre fuentes no oficiales, no se limitan a resumir notas de prensa emitidas por gabinetes de comunicación, como otros hacen a diario. Esto significa que sus informaciones son más arriesgadas, pero también más atractivas, y frecuentemente carecen de esos maquillajes que desvirtúan lo sucedido.
Sin embargo, sería imprudente decir que la información "confidencial" en España se ha mantenido inmóvil, en su calidad y en su fiabilidad, durante los últimos años. Han aparecido nuevas apuestas temáticas -como El Confidencial Musical- y otros generalistas han aumentado su volumen de información diario. Sin embargo, también la clase política y empresarial parece estar aprendiendo a manejar la "información confidencial" como un arma para generar despiste, o simplemente para ajustar cuentas con su entorno. No es una práctica nueva, ni mucho menos, pero parece que en los últimos días -sirva como ejemplo lo que se cuece cada minuto en el horno de la calle Génova- se está extendiendo sin control en todas las direcciones y no pocos de estos medios están sufriendo las consecuencias.
Esta fiebre del "intoxica que algo queda" se está notando, y no necesariamente en los confidenciales, sino en toda la prensa. Porque de sobra es sabido que la prensa convencional se fija en los confidenciales antes de realizar sus análisis y predicciones. Hace poco había escuchado que en determinados círculos empresariales -tras algún susto informativo, con forma de rumor fundado, aparecido horas antes de alguna importante rúbrica, imagino- se hablaba de "cerrar el grifo a los confidenciales". Ahora a esto se le podría llamar de otra forma: envenenar el agua del grifo de los confidenciales.
Es una dificultad añadida trabajar así, pero también una oportunidad para que los mejores medios demuestren por qué lo son. Al fin y al cabo es más fácil envenenar -informativamente, claro- a un mal periodista, que cerrar el grifo -informativo, también- a uno bueno.
Antonio Herrero, el lado justo de la noticia
Se cumplen diez años de la muerte de Antonio Herrero. Acabo de terminar de leer el libro de Luis Herrero. Rememorar de forma consciente y reposada muchos de los episodios políticos y periodísticos que rodearon sus últimos años de vida me ha servido para confirmar, una vez más, algunas cosas. Primero, que la memoria es muy frágil. Segundo, que en España no hay nada como morirse para recibir flores y aplausos, y que a veces hasta son sinceros y merecidos. Tercero, que el periodismo español vive sumido en el gran vertedero del poder desde entonces. Cuarto, que por supuesto que se le echa de menos. Quinto, que parece increíble el cúmulo de crueles anécdotas -y no tanto- que rodearon su muerte: desde la repugnante "condena" a Antonio de Aznar en La Moncloa ante el asombro de sus invitados, Luis Herrero y Federico Jiménez Losantos, hasta las bromas vitalistas de Antonio ("yo no voy a morir nunca, yo soy inmortal..."). Sexto, que muchos de sus "enemigos" supieron reconocerle su integridad y sus virtudes inmediatamente después de su muerte, aunque los más miserables optaran entonces por el silencio y hoy por continuar peleando contra quien ya no está. Podría seguir con el séptimo, el octavo y demás durante varios días, pero no es la intención de este apunte.
No existe ni puede existir otro Antonio Herrero. Pero su espíritu sigue guiando a algunos periodistas esparcidos por diversos medios de comunicación. Conmemorar a alguien como Antonio Herrero sólo para llorar un poco y preguntarnos otra vez cómo narices pudo morir de forma tan tonta alguien tan importante para tanta gente, no sirve de mucho. El verdadero homenaje a su memoria es que quienes se dedican, de una u otra forma, al periodismo tomen hoy lo mejor de su ejemplo. Es muy saludable ese ejercicio de pensar cómo afrontaría él tal o cual situación, porque en su capacidad de liderazgo brillaba especialmente la facilidad para saber cómo abordar los temas la actualidad sobre la marcha. Posicionarse siempre en el lado más justo de la noticia.
Nada más terminar el libro de Luis Herrero, “En vida de Antonio Herrero” he tomado una sabia decisión: volver a leerlo. Últimamente cuando un libro me gusta mucho o llevo tiempo esperándolo, leo demasiado rápido y paso por encima muchos detalles. Por eso lo estoy leyendo de nuevo, igual que la colección de artículos sobre Antonio Herrero “A micrófono cerrado”.
Se echa mucho de menos en Internet una buena fonoteca de los programas de Antonio Herrero. Yo que fui, quizá, uno de sus oyentes más jóvenes –nunca se sabe- pagaría por volver a escuchar muchos de aquellos programas, seguramente entendiendo ahora mucho más las razones de cada comentario y de cada noticia.
Tan sólo la COPE, Libertad Digital Televisión y algunos medios digitales han rendido homenaje a Antonio en el décimo aniversario de su desaparición. He escuchado todos los programas y ha habido momento muy emotivos. Voces –sus tertulianos- quizá alejadas de la radio que han vuelto a sonar, como entonces. También ha habido momentos muy tristes: hoy no podría tomarse la fotografía que recogía los rostros sonrientes de “aquella” COPE –heredera de aquella Antena 3 de Radio- y que figura en las páginas centrales del libro de Luis. Algunos han muerto, es verdad. Pero el resto, a veces sin más motivos que esa estúpida vanidad que los enloquece, han puesto demasiada tierra por medio. Antonio Herrero era quizá el punto de unión y su recuerdo en el décimo aniversario debió estar por encima de adolescentes disputas impropias de la talla y experiencia de los periodistas implicados. Es un punto oscuro en unos días que se han vuelto un poco más felices porque la voz del “primero de la mañana” ha vuelto a sonar en la radio.
Dejo a continuación enlaces a algunos de los homenajes que he podido escuchar estos días. El de La Mañana, por ser su programa y por haber reunido a sus tertulianos es cita obligada, pero el que Enrique Campo –que trabajó en su equipo- le rindió en la noche del pasado jueves en A Cielo Abierto es uno de los programas más emotivos y bien hechos que he escuchado en la radio española.
- Presentación oficial del libro de Luis Herrero (aquí)
- Tertulia homenaje a Antonio Herrero (Parte I) (aquí)
- Tertulia homenaje a Antonio Herrero (Parte II) (aquí)
- A Cielo Abierto: especial Antonio Herrero (aquí)
Periodismo por dentro: abrazos, zarpazos y muchas ausencias
He estado viendo fotografías antiguas. Periodistas, casi todos. Los he visto nacer, estudiar, hacer el gamberro, poner la cara e incluso triunfar. Pero ha sido todo en quince o veinte fotos. Instantáneas de gestas, bonitas batallas. Envidiables.
He visto en sus ojos la ilusión y el desánimo. Me han sorprendido sus abrazos y sus sonrisas. Muchos de los abrazos de ayer son zarpazos hoy. Hay fotografías que hoy sería imposible tomar. Se dice que la vida retuerce las cosas a su gusto y dos personas pueden llegar a encontrarse y desencontrarse en infinidad de ocasiones al paso de los años. Pero en las primeras filas de los medios de comunicación los roces y los amores se vuelven antológicos.
Resulta difícil entender que quienes un día pusieron, años atrás, sus nucas sobre las del compañero, para salvar algún dardo envenenado lanzado por el poder político –o no tanto-, ahora se desprecien sin inmutarse, tanto en público como en privado. Se hace muy extraño ver ahora esas fotografías. Tal vez quince años atrás. Compartiendo sonrisas, ideales y una forma de entender el periodismo, cada uno a su manera.
Las vueltas vuelven a dar vueltas, a veces, y ahora que sabemos que roto el nodo se acabó la unión -que seguro hacía la fuerza-, podemos confiar en haber aprendido dos lecciones: una, que no hay que subestimar el poder y la cohesión interna que cultivan los líderes y veteranos de los principales medios de comunicación; dos, que no hay razones de peso para pensar que los zarpazos de hoy no volverán a ser abrazos mañana. Y tres -esta es de regalo-, que en los carismáticos y valientes, hay que ver el carisma y la valentía, no el color del pelo, ni la forma de pronunciar las consonantes. No sólo los grandes líderes del periodismo de ayer, ausentes hoy, trabajaron mucho por la libertad y por la información veraz en España, también los de hoy, aún vivos, pueden estar haciendo historia. Más bien, Historia.
Volviendo al lío de los amores y reconciliaciones en las redacciones y en los despachos. Sólo hay una razón: lo estrictamente personal y seguramente superficial, en el periodismo como en la vida, no lo es todo. Los ideales comunes, la búsqueda de la verdad periodística y las ganas de batallar por lo mismo terminan haciendo posible lo imposible. A pesar de las ausencias. Y, sobre todo, si el espíritu de esas ausencias late con más presencia que nunca.
Desconocimiento sobre las "nuevas" formas de periodismo digital
Es ya una evidencia que el "periodismo digital" ha facilitado la llegada de nuevos tipos -derivados o no- de periodismo que no siguen muchas de las habituales "pautas del buen hacer" de las comunicaciones tradicionales. Este periodismo, que en muchos casos aún no se estudia en las universidades, no sólo no comparte pautas con el tradicional, sino que no debe compartirlas, ya que cuenta con características muy diferentes. No necesariamente excluyentes, pero sí diferentes. Intentar que esas pautas fueran las mismas para cualquier tipo o especialidad periodística, sería como querer aplicar determinadas características del periodismo radiofónico a un periódico, o como tratar de que las normas del periodismo deportivo sirvieran para la información económica. Un desastre, un caos.
Esto viene porque se ha editado el libro "Periodismo en la era de Internet" ("claves para entender la situación actual de la información periodística en España"). Según el análisis que Javier Fumero ha publicado en el El Confidencial Digital, parece que el libro trata de exigir que en el periodismo digital se cumplan ciertas normas del periodismo tradicional. El autor (o autores) del libro no acierta a comprender que en la diferenciación de ambos se encuentra la virtud de la comunicación en los tiempos que vivimos. Entender los confidenciales de Internet, por ejemplo, es imposible si no se acepta antes que una información que no desvela sus fuentes puede ser de gran utilidad. Cualquiera puede entenderlo, sí, menos ciertos periodistas tradicionales. Y, no lo olvidemos, y ciertos "lectores tradicionales". Hoy en día, hablar de periodismo digital y omitir una referencia a los confidenciales, es ocultar la mejor parte, la parte realmente novedosa y revolucionaria. Y la más temida por todos los poderes, claro.
Considero, en definitiva, muy interesante el mencionado artículo que Javier Fumero ha publicado en su blog de El Confidencial Digital, bajo el título "Credibilidad, periodismo, Internet y el uso de las fuentes anónimas" (ir al blog). A veces parece que los propios hechos han terminado con el debate de la comparación absurda entre periodismos, o de los que viven anclados al periodismo tradicional y pretenden imponerlo en Internet -¡como si fuera posible!-. A veces lo parece, hasta que nace un libro así o hasta que algún director de periódico decide hablar sobre el periodismo de Internet. Donde digo hablar suelo decir arremeter. Y se vuelve a abrir este debate, cada vez con menos argumentación.
Prensa tradicional y prensa digital: casi nada que ver menos la mercancía que trasportan. La información es la única de las cosas importantes que tienen en común.
Y dejaremos de hacerles caso, y bla, bla...
Se queja el director de ABC, Ángel Expósito, en una pequeña columna en el periódico de hoy, de esta extendida costumbre de los políticos de convocar una rueda de prensa, leer un par de folios y largarse, sin permitir a los periodistas decir ni pío. No se admiten preguntas. No es el primero en quejarse. A otros se lo he leído antes.
Insinúa Expósito que un día, un buen día, a los periodistas se les inflarán las narices con este asunto y se negarán a publicar nada de lo que diga un político con este tiránico sistema.
Lo cierto es que venimos escuchando esta cantinela desde hace tiempo, pero todavía no he visto a cuatro medios de comunicación reunirse para acordar un boicot a este tipo de ruedas de prensa absurdas, que tanto cabrean a los periodistas y que tanto engañan a los lectores de periódicos.
Está bien denunciarlo en una columna como ha hecho el directo de ABC, pero es hora de menos amenazas y más hechos. Reunión y plante urgente, por el bien de la democracia.
Una maldad: cuando un periódico cambia de director
¿Cómo se sabe que un periódico o una revista han cambiado de director?
1) Cuando empiezan a aparecer gruesas letras en rojo que ponen "exclusiva" en la portada donde antes no las había.
2) Cuando desaparece esa columna que llevaba tantos años ocupando esa página.
3) Cuando el diseño de la portada se vuelve más flexible y las fotos bailan mambo sobre la mancheta, o las fotografías gigantes se hacen fuertes en la primera plana.
No es infalible, pero casi.
Proyectos digitales que se van a comer el mundo
He estado visitando tres nuevos proyectos digitales. Son portales o diarios digitales que prometen “comerse Internet” en tres días. Todavía no han empezado su andadura pero en sus webs ya ofrecen suculentos aperitivos, declaraciones de intenciones y, en los casos en que sólo se muestra un gran logotipo, son los confidenciales los que se encargan de desvelar sus próximas bondades. Me aburren.
Me aburren cada vez más los JASP, maravillosamente bautizados por un tempranero Pérez-Reverte hace años por JASG, Jóvenes Aunque Sobradamente Gilipollas. Internet y esos nuevos proyectos están llenos de JASG. Jóvenes con ideas, dicen. Expertos en marketing.
A veces hago la prueba y os lo recomiendo a todos. Si llega un mail de uno de estos JASG contando sus próximos proyectos, es buen momento para copiarlo y pegarlo íntegramente en el WORD. Verán que el corrector ortográfico se vuelve loco a cada línea. Primero porque, en muchos casos, no saben escribir. Segundo porque, de tan modernos y tan preparados que están, se inventan un idioma no reconocido por la RAE –y tampoco por el WORD-. Y tercero porque la invasión de los americanismos idiotas hace incomprensible el mail, salvo ayuda de urgencia de la Wikipedia, que ha pasado de ser un producto para seres extraños y fanáticos de la Red a ser un buen instrumento que puede sacarte las castañas del fuego en cualquier momento de tu experiencia digital.
Yo entiendo que la gente pica fácil en el anzuelo de las tendencias. Esa terminología tan moderna, tan preparada, que causa tan buena imagen. ¿Causa o causaba? Yo creo que causaba. En pasado. Supongo que en ciertos ámbitos aún será efectivo utilizar diez "anglicanismos" (esto es un pequeño homenaje a C. C., aquí tienen una colección de perlas: http://es.wikiquote.org/wiki/Carmen_Calvo_Poyato) por cada palabra en español, pero a mí me aburren sobremanera los proyectos periodísticos que basan su éxito inmediato en una maraña de palabras huecas, tecnicismos y con una filosofía cuyo único fondo real es el culto a lo freak. El anuncio molón. El buen rollito. El tú lo haces. El nosotros somos los que tu quieras. En fin... Vaya, he dicho freak.





