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Blog Personal de Itxu Díaz

Periodismo por dentro: abrazos, zarpazos y muchas ausencias

He estado viendo fotografías antiguas. Periodistas, casi todos. Los he visto nacer, estudiar, hacer el gamberro, poner la cara e incluso triunfar. Pero ha sido todo en quince o veinte fotos. Instantáneas de gestas, bonitas batallas. Envidiables.

 

He visto en sus ojos la ilusión y el desánimo. Me han sorprendido sus abrazos y sus sonrisas. Muchos de los abrazos de ayer son zarpazos hoy. Hay fotografías que hoy sería imposible tomar. Se dice que la vida retuerce las cosas a su gusto y dos personas pueden llegar a encontrarse y desencontrarse en infinidad de ocasiones al paso de los años. Pero en las primeras filas de los medios de comunicación los roces y los amores se vuelven antológicos.

 

Resulta difícil entender que quienes un día pusieron, años atrás, sus nucas sobre las del compañero, para salvar algún dardo envenenado lanzado por el poder político –o no tanto-, ahora se desprecien sin inmutarse, tanto en público como en privado. Se hace muy extraño ver ahora esas fotografías. Tal vez quince años atrás. Compartiendo sonrisas, ideales y una forma de entender el periodismo, cada uno a su manera.

 

Las vueltas vuelven a dar vueltas, a veces, y ahora que sabemos que roto el nodo se acabó la unión -que seguro hacía la fuerza-, podemos confiar en haber aprendido dos lecciones: una, que no hay que subestimar el poder y la cohesión interna que cultivan los líderes y veteranos de los principales medios de comunicación; dos, que no hay razones de peso para pensar que los zarpazos de hoy no volverán a ser abrazos mañana. Y tres -esta es de regalo-, que en los carismáticos y valientes, hay que ver el carisma y la valentía, no el color del pelo, ni la forma de pronunciar las consonantes. No sólo los grandes líderes del periodismo de ayer, ausentes hoy, trabajaron mucho por la libertad y por la información veraz en España, también los de hoy, aún vivos, pueden estar haciendo historia. Más bien, Historia.

 

Volviendo al lío de los amores y reconciliaciones en las redacciones y en los despachos. Sólo hay una razón: lo estrictamente personal y seguramente superficial, en el periodismo como en la vida, no lo es todo. Los ideales comunes, la búsqueda de la verdad periodística y las ganas de batallar por lo mismo terminan haciendo posible lo imposible. A pesar de las ausencias. Y, sobre todo, si el espíritu de esas ausencias late con más presencia que nunca.

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