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Blog Personal de Itxu Díaz

Cerrar el grifo a los confidenciales

Los llamados "confidenciales" de internet se han convertido, de largo tiempo a esta parte, en una fuente obligada para periodistas políticos -y políticos no periodistas-, económicos, analistas diversos y adictos a la actualidad de tipo "B". Su credibilidad no está en juego, como cacarean algunos jefazos de medios convencionales, que tiemblan ante la posibilidad de que alguien les quite un trozo de la tarta. En todo caso, estará en juego tanto como la de cualquier otro medio de comunicación. Con la diferencia de que los confidenciales trabajan sobre el rumor y la investigación, sobre fuentes no oficiales, no se limitan a resumir notas de prensa emitidas por gabinetes de comunicación, como otros hacen a diario. Esto significa que sus informaciones son más arriesgadas, pero también más atractivas, y frecuentemente carecen de esos maquillajes que desvirtúan lo sucedido.

Sin embargo, sería imprudente decir que la información "confidencial" en España se ha mantenido inmóvil, en su calidad y en su fiabilidad, durante los últimos años. Han aparecido nuevas apuestas temáticas -como El Confidencial Musical- y otros generalistas han aumentado su volumen de información diario. Sin embargo, también la clase política y empresarial parece estar aprendiendo a manejar la "información confidencial" como un arma para generar despiste, o simplemente para ajustar cuentas con su entorno. No es una práctica nueva, ni mucho menos, pero parece que en los últimos días -sirva como ejemplo lo que se cuece cada minuto en el horno de la calle Génova- se está extendiendo sin control en todas las direcciones y no pocos de estos medios están sufriendo las consecuencias.

Esta fiebre del "intoxica que algo queda" se está notando, y no necesariamente en los confidenciales, sino en toda la prensa. Porque de sobra es sabido que la prensa convencional se fija en los confidenciales antes de realizar sus análisis y predicciones. Hace poco había escuchado que en determinados círculos empresariales -tras algún susto informativo, con forma de rumor fundado, aparecido horas antes de alguna importante rúbrica, imagino- se hablaba de "cerrar el grifo a los confidenciales". Ahora a esto se le podría llamar de otra forma: envenenar el agua del grifo de los confidenciales.

Es una dificultad añadida trabajar así, pero también una oportunidad para que los mejores medios demuestren por qué lo son. Al fin y al cabo es más fácil envenenar -informativamente, claro- a un mal periodista, que cerrar el grifo -informativo, también- a uno bueno.

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