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Blog Personal de Itxu Díaz

Sangre, cine y telediarios

Tres terribles e inagotables obsesiones de los cineastas del momento que hacen muy desaconsejable la asistencia al cine a aquellos que aún gozamos de cierto estómago sensible:

- Si la película contiene una embarazada: mostrarnos el parto de principio a fin, con todo lujo de detalles, abundante sangre y el mayor dramatismo posible. Como si no fuera evidente que una mujer embarazada que entra en el la zona de partos del hospital y sale de allí con un niño, ha pasado el trámite del parto. No, no. No hay nada sangriento que sea evidente para un director de cine: hay que televisar el parto. De diez a quince minutos.

- Si en la película alguien muere tiroteado: después de quince o veinte disparos en la espalda, cualquiera puede suponer que el hombre a muerto. Cualquiera menos un director de cine. Lo que se lleva ahora es ofrecer entre tres y cuatro minutos de sangrienta agonía, con delirio angustiante y ensangrentada convulsión incluída.

- Si en el película, alguno de los personajes debe recibir una inyección o bien ser operado: mostrarnos detalladamente y con todo su dramatismo el antes, el ahora y el después de la inyección. Mostranos con todo detalle la operación -siempre con abundante sangre-, como si aquello en lugar de una película de acción fuera una clase de medicina. Por lo visto, a los directores -que no les importa saltarse otros miles de detalles más relevantes- no les llega con un plano del tipo enfermo entrando en el quirófano y saliendo del mismo tras haber sido operado. No. Han de pararse bien en la operación hasta causar la náusea del espectador, al que obligan absurdamente a tener vocación de médico y, por tanto, absoluta indiferencia hacia la sangre y sus derivados y amigos.

Tres terribles e inagotables obsesiones de los telediarios que contribuyen exactamente a lo mismo...:

- En un atentado, accidente de tráfico u homicidio: cercanos y variados planos de las manchas de sangre en la carretera, en el suelo de la vivienda o en la acera. Si no hay sangre, nunca está de más un terrorífico primer plano de la zapatilla o cualquier otro fragmento de la ropa -cuando no del cuerpo- del fallecido.

- A la salida de un juzgado, cuando sale el asesino, mostrar a los amigos y a la familia destrozados, llorando desconsoladamente y insultando y gritándole al asesino fuera de sí, que lo van a matar, que le van a retorcer el pescuezo y etc.

- En una brutal agresión que ha sido filmada y colgada en Internet, o bien recogida por las cámaras de seguridad: mostrar la secuencia completa de la agresión, los golpes, el ensañamiento, "observen ahora como salta con los pies juntos sobre la cebza del menor", etc...

Eso sí, "les advertimos que estás imágenes pueden dañar..." y todas esas gilipolleces.

Mi verdadera conclusión sobre todo esto:

DESPUÉS, mientras en el cine y en los telediarios nos intentan convertir en seres insensibles, acostumbrados a la sangre, al horror y a la agresión, algún imbécil se pregunta que por qué estará aumentando la violencia en la calle, en las casas y en las aulas.

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