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Blog Personal de Itxu Díaz

Martes en espiral

Llamo día espiral a esos lunes o martes en los que las "cosas por hacer ya", se enredan con las "cosas para hacer luego" y bloquean también las arterias de los "asuntos pendientes", para terminar explotando todo a las puertas de un gran papel que pone "urgente". Este breve discurso sobre la fugacidad de la vida y la fatalidad de los huertos en el trabajo es mi particular forma de disculparme por no haber acudido puntual a la cita con el blog. ¡Qué bien hice en no asegurar un post diario!

Domingos de paddle, dolorosos lunes

Ay. Salvo que antes del cierre de este post la Academia Mundial de los Deportes reconozca la siesta española como competición deportiva, puedo afirmar con rotundidad que hasta ayer llevaba unos dos años sin hacer deporte. O sea, que ya iba siendo horita.

Ayer domingo permanecía aletargado en casa despotricando sobre alguna tontería en este blog cuando una llamada perturbó mi paz. Levanté inconsciente el teléfono y al otro lado sonó la animosa voz de A retándome a un partido de pádel. O de paddle. A saber... No sé muy bien en qué estaba pensando cuando acepté el reto de A.

Somo unos inconscientes. Alquilamos pista, raquetas y pulmón para las 21:00. Pelotas, llevábamos. Pero incomprensiblemente nos presentamos 20 minutos antes. Comenzamos pronto el peloteo. Pim, pam, pim, pam, pim pim pim.... Risas.

"A", en términos exclusivamente matemáticos, me machacó. O sea perdí, pero a lo grande. Si la inflamación en el codo izquierdo que luzco en estos momentos me hubiese permitido dormir algo, diría aquello tan bonito de "perdí el partido clarmorosamente, pero gané en salud y amistad". Pero no he podido pegar ojo. Así que esto más que un lunes parece un viernes, pero de dolores.

Aprovecho (por si hay algún médico en el blog) para preguntar a los expertos deportistas: ¿por qué se me ha puesto como un tomate el codo izquierdo si manejo la raquetilla con el derecho? Preguntas te da el pádel...

No respondo de nada de lo que pueda pasar hoy en este blog, porque a mi habitual mal talante de los lunes, hoy puedo sumar el creciente mosqueo -casi de anciano cascarrabias- que desprendo cada vez que tengo que girar el brazo izquierdo. El primer calentón del día llegó al tener que girar el pomo de la puerta de mi oficina, ¿por qué no pondría una simple manilla que se puede abrir hasta con la frente inclinando la cabeza? En ese giro lento y doloroso de pomo y codo vi pasar a cámara lenta cada uno de los puntos perdidos en el partido de ayer. Por si algún lector piensa que soy idiota puedo matizar que la mano derecha estaba irreversiblemente ocupada con papeles y pequeños objetos (todos muy "rompibles") en el momento de abrir esa maldita puerta.

Por cierto, "A", mi venganza será terrible.

La ortografía

Una de las principales consecuencias de abrir este blog es que me he olvidado de las leyes de la ortografía. No contento con la correción de R sobre "echo polvo" y "hecho polvo", me escribe M para decirme que lejía es con jota (esta última gamba está en el post de los vaqueros también, y me da pereza corregirla).

Lo primero que está claro que escribo aquí de manera tan despreocupada, sabiendo que sólo se asomarán los amigos, que ni reviso los textos. No hast l xtremo d scribir cmo n ls sms d ls maldits mvles. Pero casi.

Lo segundo que está claro es que hay amigos y amigas tan amigos y tan amigos como para fijarse en las faltas de ortografía. Lo cual me alegra enormemente, claro. Así que me planteo meter algún gazapo cada día para ver si sigue habiendo audiencia. Gracias R y M ;)

Como cerdos

Supongo que habréis tenido la oportunidad de observar cómo viven los cerdos en las granjas. O cómo se lo montan las sardinas en las latas. Así estamos ahora sábado tras sábado en esta ciudad. No recuerdo antes semejante afición por no salir los viernes y, en cambio, pelearse por un metro cuadrado de pub los sábados.

Son las 3:45. Partimos hacia El Playa Club. Se pone a diluviar. El paseo marítimo nos invita a un combinado -sin alcohol- de lluvia, salitre y viento casi huracanado. Las colas de los taxis son infinitamente más pequeñas que las colas de los que esperan los taxis. Antes de salir volando, decidimos ir hasta el Playa Club por los túneles que hay debajo del paseo marítimo. Pensé que sería gran negocio montar una macrodiscoteca en estos túneles porque había cientos de personas haciendo la misma ruta. Me acuerdo de El Neng de Buenafuente cuando veo pasar a varios tuning-men a toda castaña por el túnel del parking, sorteando (y puteando) a las sombras semietílicas que recorren el camino Orzán-Playa. Luego lloran cuando se llevan a alguien por delante.

Salimos del túnel. La cola para entrar pasando por la taquilla en el Playa Club(a las 4:00) tiene unos veinte metros. La otra cola para entrar en el Playa, por el morro, es el doble de grande. Mi ciudad se define sola en momentos así. Tiene su gracia. Hacemos la cola por inercia, sabiendo que es imposible que podamos meternos todos allí y lograr salir vivos. Logramos entrar, por fin. 45 minutos para pedir una copa -y esto con enchufe- en la Barra Nordic. Cambiamos de ubicación en busca de una zona menos abarrotada. En el trayecto pierdo dos capullos de cigarro y la mitad de la copa que tanto me costó conseguir. Es decir, jodo dos abrigos y le mojo los zapatos a un par de luciérnagas.

Cuando logramos hacernos con una esquina algo tranquila, mi amigo y yo nos ponemos a filosofar sobre qué narices hacemos apretados como cerdos entre flashes de mil colores y canciones de los Smiths. A veces pagamos por sufrir. No hay mejor discoteca que El Playa en la ciudad, a mi gusto. Pero los sábados se están siendo inhumanos. Aún no habíamos decidido si el sábado próximo -después de varios años- probaríamos otra alternativa cuando la megafonía anuncia el fin de la sesión. A dormir. Dejo la copa, enciendo un cigarro y salimos corriendo de allí. Sigo sin comprender por qué ya nadie sale los viernes y por qué todo el mundo sale los sábados. De momento, el viernes le ha sacado al jueves el puesto de "mejor día para salir de copas". Tal vez el sábado que viene cambie de sitio de última hora -tapándome la nariz-, pero ¿qué haré yo si no contemplo las tripas del atlántico al salir de la discoteca? ¿Volveré el sábado al Playa? Ya os lo contaré.

Sábado a la noche

Ayer sábado fue noche "Lendoiro". Porque empezamos con el partido del Deportivo (que aburrimiento) y terminamos en el Playa Club, también de Lendoiro. Para ver el partido acudimos a la pantalla gigante de El Garito, donde ahora está pinchando el batería de Los Elegidos. Allí estaba, por cosas de la vida, Miguel, guitarrista del grupo en barbecho (el grupo, no el guitarrista). Como el partido era insufrible, al igual que toda la temporada, me estuvieron picando para hacer algo. Así que no se descarta una reunión puntual elegidesca para este verano. Una y no más... supongo.

Terminado el partido, a eso de las doce, nos fuimos hasta Grietax ("el sitio") a tomar algo antes de que nos abordase la tradicional muchedumbre vikinga que ha decidido ahora tomar la ciudad cada sábado a la noche. Allí estuvimos varias horas. Por circunstancias, me tocó pinchar un rato: "Estoy aquí" de Despistaos, "Turnedo" de Iván Ferreiro, "Por las noches" de Los Ronaldos, "El universo sobre mí" de Amaral, "Ferrol" de Limones, "Camino de la cama" de Siniestro Total, "Dolores se llama Lola" de Los Suaves y "Mescalina" de Rebeldes. No por ese orden. Luego tuve el patinazo: En hora de máxima audiencia en Grietax, pretendía meter "Ojos de Perdida" en directo y se me escapó el dedo. Y allí sonó a toda caña "Mi Peor Enemigo" de Secretos, también en directo. Caras raras y yo muerto de risa. Se ve que no es muy conocida. Después "Suéltate el pelo" de Hombres G, "Cosas de la Edad" de Modestia Aparte y algunas más.

Dejo para un post que ahora escribiré lo que sucedió después, en la discoteca Playa Club. Por cierto, gracias a todos los que habéis respondido mi mail de invitación a este blog. Gracias especiales a Rafa. F. C. por recordarme que no sea animal de bellota, que "echo polvo" es una cosa y "hecho polvo" es probablemente lo que ayer quería decir al referirme a los vaqueros. Madre mía. Ya está corregido. Mientras me pase sólo en este blog...

Pantalones vaqueros

Me ha venido de maravilla iniciar este blog hoy porque podré despacharme a gusto con el último de mis calentones. Ayer fui a comprar un pantalón vaquero. Conservar el mismo después de cuatro años de conciertos -de riguroso country vaquero- con Los Elegidos puede ser sentimentalmente precioso, pero nada práctico.

¿Has ido recientemente a comprarte un pantalón vaquero? Me fui al C. C. Cuatro Caminos ayer viernes por la tarde. Primera tienda: quiero un pantalón vaquero normal, el típico, azul oscuro, etc... Y a ver si puede ser que la barriguilla esta que ha hecho acto de presencia hace meses no se encuentre agobiada en su interior, es decir, que tenga un poco de libertad. Un dependiente muy amable me saca cuatro modelos. Dos de ellos con los bolsillos de atrás a la altura de los tobillos. Otro con fingidas manchas de legía ya de fábrica (sin comentarios). El otro era más marrón que azul, estaba como sucio y gastado, pero muy sucio y muy gastado. Me dio la risa. Miro al dependiente: "¿Tienen alguno que no esté estropeado?". Sonríe y me mira como si estuviese viendo a Will Smith luchando contra un bicho de seis cabeza en Men in Black: "Se llevan así". "Me trae sin cuidado" (pienso), "¿¿o sea que de los de toda la vida no hay, no??", pregunto perdiendo la fe. "Pruébate este", responde entregándome con cierto asco el último vaquero normal de la tienda. Me lo pruebo. "Coño, si es de los de toda la vida", pienso. Mi acompañante me ve salir del probador y se mea de risa. Vuelvo al espejo. Giro y giro buscando el "Inocente, inocente" a la altura del trasero. "Coño", exclamo, "los bolsillos a la altura de los tobillos, muy práctico". Me enciendo y exclamo aún más alto: "Me cago en Eminem". El dependiente se parte. Cierro el probador. Nos vamos a otro sitio.

Otra tienda, con poca luz. Me pruebo uno vaquero aparentemente normal, quizá algo gastado. La luz del probador muestra un pantalón hecho polvo, pero vamos, asqueroso. Salgo del probador, mi acompañante vuelve a reírse. La dependienta, sonriente y convencida dice "te queda bien". Me vuelvo a mirar. No puede ser. Le digo a mi acompañante "está más hecho polvo que el mítico de los conciertos de Los Elegidos, ¿para qué voy a comprar un vaquero que tiene más mierda que el que tengo en casa? Además la mierda del mío es auténtica, está realmente gastado y marroncillo de tanto uso, no como este, que la trae de fábrica". La dependienta me lo quita de las manos. Creo que se ofendió. Conste que no era nada personal.

La historia se repite durante siete tiendas. Encuentro, de milagro, un vaquero normal. ¿estaré alucinando? Pues no, alucinando me quedé cuando vi el precio. Lo dejo en su sitio. Razono: "Claro, un vaquero normal, limpio, sin estropear es caro. Uno roto, con manchas blancas, tiznado de marrón, con parches de fábrica o perfectamente diseñado para ir mostrando casi la totalidad de los gayumbos pues es barato. Lógico."

Al final, no hubo vaquero propiamente dicho. Han inventado unos pantalones vaqueros malísimos, que dan el pego y, sobre todo, son normales. Me durará seis meses como mucho, por lo que costó...

Señores fabricantes y diseñadores de pantalones vaqueros: Que Dios se lo perdone, porque yo paso.

La vida misma

Hola amigos. Te pasas el día escribiendo sobre música, artículos de opinión, redactando noticias, entrevistas, reportajes... textos que a veces te importan mucho y otras veces te aburren una barbaridad, pero ese es de momento el camino elegido. Y esto nace que a veces te apetezca tener un blog y nunca te atreves. Pero en el fondo, te gustaría escribir sobre la vida misma. Y hoy, parece ser, que me he decedido. Escribir es un vicio.

Hace años para ser alguien en el mundo había que tener una web -para no ser un Antihéroe-. Hoy parece que hay que tener un blog. En realidad, no me quita el sueño ser o no ser algo o alguien en el mundo, pero me parece interesante lo de la bitácora. Casi tan marítimo como Desde la Costa. Pero sin obligaciones personales, profesionales. ¿Quién podría interesarse por tus palabras? Dios dirá.

No prometo escribir a diario, ni prometo es escribir sólo una vez al día. Todo queda en manos de la vida misma. Bienvenidos.