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Blog Personal de Itxu Díaz

Piscinita

O sea que, harto del día a día, con la llegada del sol te decides a hacerte socio de un complejo deportivo con pretensiones para poder descansar pacíficamente y aquello es como una jungla. Tienes piscinas, gimnasio, buen sitio para tomar el sol... estupendo. Pero, ¿cómo puedes descansar teniendo en frente tanto sufrimiento, esas caras de dolor del que levanta pesas, esos dos aspirantes a comentaristas del felizmente difunto Crónicas Marcianas, la loca del móvil que, paseando por el borde de la piscina, nos hace partícipes a todos de sus privadas y aburridas conversaciones...?

Lo bueno es mucho. O es todo. No hay queja. Todo lo prometido al hacerme socio lo he encontrado allí. Pero, ¿quién puede descansar estando rodeado de treinta, cincuenta o cien tipos completamente obsesionados con sus cuerpos, con sus músculos, con sus bronceados... estresados por tener el cuerpo perfecto, sufridores de lo frívolo...? De lejos, se distingue bien, al loco, al que se le ha ido la olla y vive sólo para levantar cada día algo más pesado y al que practica el deporte placenteramente o por salud, o por necesidad... De lejos se distingue bien al que disfruta serenamente de una buena conversación bajo el sol y a quien sólo pretende darse a conocer, distiguirse entre la muchedumbre por ser el más conocido de todas aquellas instalaciones. De lejos se distingue bien, al pelmazo, al torpe, al vago, al chulo y al bondadoso. Demasiado ganado para tan poca granja.

En fin, supongo que cada uno tiene su respetable forma de disfrutarlo, pero siento incompatibles mis aspiraciones de ocio intrascendente, relajación, paz, silencio -¡el maravilloso silencio de una piscina!- con esos rostros desencajados por perder medio gramo, por chamuscarse un poco más en el solarium, por superarse hasta la extenuación en el gimnasio... ¿acaso eso es vida?

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