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Blog Personal de Itxu Díaz

televisión

Filtraciones

Las tertulias televisadas sirven para ayudar a formar la opinión pública. Es un factor que deben tener en cuenta quienes tienen la responsabilidad de elegir a los sujetos que las visitan. Y de manera muy especial, si se trata de tertulias en televisiones públicas. En parte, el problema, de nuevo, está en la existencia de una televisión pública. Pero ese no es el debate que nos ocupa.

Me parece repulsiva esa doble vara de medir que considera un éxito periodístico los micrónos abiertos o el "hay que dramatizar" de ZP y Gabilondo -por más que no fueran exactamente filtraciones-, y en cambio, ve un atropello a la intimidad en lo del otro día. Esas actitudes restan credibilidad al argumento, por muy cargado de razón que pudiera estar.

Que sí. Que la filtración -más aún si es interesada como esta- de una conversación privada está fatal. Pero peor está tener el cerebro como un colador y que alguien te invite a repartir opiniones en una televisión que se paga con el dinero de todos.

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Un vídeo imprescindible

El Confidencial Digital dedica su hoy "vídeo del día" a un drama que hay conocer antes de formarse una opinión. Un vídeo duro y crudo, pero no más duro ni más crudo que la realidad que trata de mostrar. Imprescindible. Puedes verlo en este enlace:

http://www.elconfidencialdigital.com/Video.aspx?IdObjeto=324 

No lo encontrarás en ninguna de las grandes televisiones en España. ¿Por qué?

Efectivamente: caiga quien caiga

Efectivamente. Veo que vuelve CQC y que vuelve una y otra vez... caiga quien caiga, y sin remedio.

El primer día que Pablo Carbonell se avalanzó sobre Esperanza Aguirre o sobre el Rey de España tuvo mucha gracia. Pero se daban dos circunstancias fundamentales para que la broma funcionara:

1) Que era la primera vez
2) Que era el auténtico Pablo Carbonell

La enésima repetición de CQC es una vergüenza que no deberían consentir quienes lograron poner por primera vez a ese programa en boca de todo el mundo. La gente de La Sexta debería saber que los chistes tienen gracia sólo la primera vez que te los cuentan, y que el papel que representaba Pablo Carbonell no existe, o sea no es un papel disponible, sino su papel. No puede ocuparse con otra persona. El papel de Pablo Carbonell era él mismo. De ahí la gracia.

Por lo demás, lo de los reporteros armando gresca en las ruedas de prensa está muy visto. Y las bromas, siempre con la misma ironía, la misma dirección ideológica y la misma falsa transgresión ya aburren.

¿Que si no lo quiero ver que apague la tele, no? Pues claro, eso haré. Aunque para hacerlo, primero he de encenderla, cosa bastante más complicada.

Buenafuente sobre los que critican al Chikilicuatre

Se ha cubierto de gloria el gurú del humor en La Sexta con su última aportación al debate sobre Eurovisión. No contento con estar aprovechándose del regalo publicitario que una televisión pública -La Primera- ha hecho a una privada -La Sexta- el cómico ha explicado que los que criticamos al Chikilicuatre somos "tontos" y no entendemos "el juego", o lo hacemos "por envidia".

He escrito suficiente sobre el irrelevante asunto eurovisivo y sobre el candidato que España presentará en el próximo festival, así que no insistiré en las mismas cosas. Pero Buenafuente, que vive de reírse de todo en libertad y de ejercer, a su manera, la crítica humorística de todo aquello que le viene en gana, debería conocer bien lo importante y lo sano que es discrepar.

Si Andreu es un personaje inteligente, que no lo dudo, lo mejor es que pida perdón cuanto antes por el inecesario insulto que ha lanzado a media España. En general, los cómicos españoles tienen que entender que la misma libertad que tienen ellos para lanzar una broma, la tiene el receptor de su coña marinera para decidir si quiere reírse o si no le hace maldita gracia. Sus chistecitos y parodias no tienen por qué gustar a todo el mundo. Y no se trata de entender o no "el juego", que, por otra parte, lo entendemos de maravilla.

En cuaanto a lo de la envidia -dice que tenemos envidia del Chiki- en mi caso es completamente cierto. Una envidia inmensa e incontrolable. No por el personaje, que es patético como personaje eurovisivo y como parodia -cualquiera de los personajes anteriores de este autor supera holgadamente al simplón Chikilicuatre-, sino porque yo también quiero que me regalen una campaña publicitaria de esas dimensiones en la tele pública.

Justifica el circo, Buenafuente, diciendo algo así como que lo importante es provocar y tal. Siempre desconfío de los provocadores profesionales. Hay que tener cuidado con la obsesión por "provocar": la transgresión, si se convierte en un fin, se convierte en sandez.

Es muy interesante también el planteamiento del artículo "Soy tonto" de José Javier Esparza, que puede leerse en toda la prensa de Vocento, por ejemplo, en este enlace.

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Sangre, cine y telediarios

Tres terribles e inagotables obsesiones de los cineastas del momento que hacen muy desaconsejable la asistencia al cine a aquellos que aún gozamos de cierto estómago sensible:

- Si la película contiene una embarazada: mostrarnos el parto de principio a fin, con todo lujo de detalles, abundante sangre y el mayor dramatismo posible. Como si no fuera evidente que una mujer embarazada que entra en el la zona de partos del hospital y sale de allí con un niño, ha pasado el trámite del parto. No, no. No hay nada sangriento que sea evidente para un director de cine: hay que televisar el parto. De diez a quince minutos.

- Si en la película alguien muere tiroteado: después de quince o veinte disparos en la espalda, cualquiera puede suponer que el hombre a muerto. Cualquiera menos un director de cine. Lo que se lleva ahora es ofrecer entre tres y cuatro minutos de sangrienta agonía, con delirio angustiante y ensangrentada convulsión incluída.

- Si en el película, alguno de los personajes debe recibir una inyección o bien ser operado: mostrarnos detalladamente y con todo su dramatismo el antes, el ahora y el después de la inyección. Mostranos con todo detalle la operación -siempre con abundante sangre-, como si aquello en lugar de una película de acción fuera una clase de medicina. Por lo visto, a los directores -que no les importa saltarse otros miles de detalles más relevantes- no les llega con un plano del tipo enfermo entrando en el quirófano y saliendo del mismo tras haber sido operado. No. Han de pararse bien en la operación hasta causar la náusea del espectador, al que obligan absurdamente a tener vocación de médico y, por tanto, absoluta indiferencia hacia la sangre y sus derivados y amigos.

Tres terribles e inagotables obsesiones de los telediarios que contribuyen exactamente a lo mismo...:

- En un atentado, accidente de tráfico u homicidio: cercanos y variados planos de las manchas de sangre en la carretera, en el suelo de la vivienda o en la acera. Si no hay sangre, nunca está de más un terrorífico primer plano de la zapatilla o cualquier otro fragmento de la ropa -cuando no del cuerpo- del fallecido.

- A la salida de un juzgado, cuando sale el asesino, mostrar a los amigos y a la familia destrozados, llorando desconsoladamente y insultando y gritándole al asesino fuera de sí, que lo van a matar, que le van a retorcer el pescuezo y etc.

- En una brutal agresión que ha sido filmada y colgada en Internet, o bien recogida por las cámaras de seguridad: mostrar la secuencia completa de la agresión, los golpes, el ensañamiento, "observen ahora como salta con los pies juntos sobre la cebza del menor", etc...

Eso sí, "les advertimos que estás imágenes pueden dañar..." y todas esas gilipolleces.

Mi verdadera conclusión sobre todo esto:

DESPUÉS, mientras en el cine y en los telediarios nos intentan convertir en seres insensibles, acostumbrados a la sangre, al horror y a la agresión, algún imbécil se pregunta que por qué estará aumentando la violencia en la calle, en las casas y en las aulas.

Y la pantalla se volvió negra a la hora de José María García...

Anoche esperé -como creo que tres millones más- hora y cuarto de aburridísimo programa ya que tenía curiosidad por ver la entrevista de Quintero a J. M. García. Llegado el momento de la entrevista, en la última parte del programa la pantalla se volvió negra y apareció este misterioso mensaje: "TVE había anunciado la emisión de una entrevista grabada con José María García en este programa. La Dirección de TVE ha decidido no emitir esta entrevista. La razón es sencilla: TVE no considera oportuna su difusión porque en ella no se vierten opiniones, sino insultos, descalificaciones y ataques a terceras personas. Sólo ofreceremos la parte de la entrevista que se refiere a esta Casa, TVE, y a su Presidente, Luis Fernández, para que no se piense que ésta es la razón por la que se retira la citada entrevista".

Primero creí que en cualquier momento el mensaje se pondría a girar sobre si mismo hasta desaparecer y que en su lugar aparecerían Los Morancos o Cruz y Raya anunciando un nuevo programa. Después pensé que era una broma cutre. Más tarde pensé que cuatro trabajadores exaltados descontentos con la dirección del Ente Público habían tomado a la fuerza el control de la tele y se disponían a destrozar su audiencia. Pero no. Pasados unos segundos se vio la realidad: iba a en serio. Tres días de anuncios por todas partes "El regreso de García!!" "García rompe su silencio" "En La noche de Quintero" "sólo en TVE" bla bla bla... todo para nada. Al final el resultado es que esta ha sido la censura más salvaje que me ha pasado por delante de las narices. La más grande, la más absurda, la más polémica y la más descarada.

Está claro que no debe tomarse el pelo así a los telespectadores. ¿Acaso no podían haberlo avisado al inicio del programa? -¡Que cara! no emitimos la entrevista pero nos forramos con su audiencia hasta el último minuto-. Por cierto que lo de "La Razón es sencilla" en el rótulo que anunciaba la no-entrevista es bastante patético, sólo superable por la memez de "vamos emitir los insultos contra el director de TVE para que nadie pueda pensar que no la emitimos por eso". ¿Qué diría García tan grave que no puede saberse?

García ha anunciado una rueda de prensa para esta tarde. Pero vamos, aunuqe sin duda puede ayudar a aclarar los hechos, lo que está claro es que si quedan algo de decencia en los responsables de la TVE pública debería haber dimisiones. Varias.

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