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Blog Personal de Itxu Díaz

política y sociedad

Entrevista a José Javier Esparza

Copio aquí una interesante entrevista a J. J. Esparza que distribuyó hace unos días la agencia Dicax Press...

Entrevistamos a José Javier Esparza, periodista y escritor. Sus últimos libros publicados son ’Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental’ (Ciudadela, 2009) y ’El libro negro de Carrillo’ (Libros Libres, 2010).

Madrid. 19 abr 10 - Itxu Díaz / DICAX PRESS

José Javier Esparza es periodista y escritor. Dirige y presenta el programa nocturno ’La Estrella Polar’ en la cadena Cope, es crítico de televisión del grupo Vocento, y ha escrito más de una decena de ensayos y novelas. Sus últimos libros publicados son ’La gran aventura del Reino de Asturias. Así empezó la Reconquista’ (La Esfera de los Libros, 2009), ’Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental’ (Ciudadela, 2009) -escrito junto a Anthony Esolen- y ’El libro negro de Carrillo’ (Libros Libres, 2010)

Comienza su repaso a los cimientos de la civilización occidental en la Grecia clásica. ¿Qué conservamos de su política y de su pensamiento en la sociedad occidental actual?
Los griegos lo pensaron todo antes que nosotros. Su herencia va mucho más allá de los términos políticos (la democracia, por ejemplo, o la tiranía) y profundiza sobre todo en las raíces de una manera de entender y describir la realidad, es decir, una manera de relacionarse intelectualmente con el mundo. No es que conservemos algo de ellos: es que ellos y nosotros somos los mismos. Por eso olvidar o ignorar la filosofía clásica es una forma de amputarse una parte del cerebro. Véase los programas docentes de hoy en día (¡y sus efectos!).

¿Cuál fue la clave de la caída del imperio romano?
Tratando de meter el océano Pacífico en un vaso, podríamos resumirlo a esto: fue una sociedad que olvidó sus raíces, su identidad, su manera específica de organizar el mundo, y que al mismo tiempo puso los aspectos materiales del poder por delante de los aspectos espirituales y éticos que legitimaban el orden en la Ciudad. Ambas cosas, olvido de sí y olvido de la ética colectiva, son las dos claves eternas de toda decadencia. Por eso nuestra situación actual es inquietante.

¿Por qué escriben ustedes que "Europa no es Europa sin la fe"? A los ojos de la actual Europa, ¿cree que podrá mantenerse esa afirmación durante mucho tiempo?
Nuestra afirmación, sí; Europa, no tanto. Es un hecho que Europa se construye sobre la base de la religión católica, con cosas como la regla benedictina, el Camino de Santiago ("Europa es la peregrinación", decía Goethe), las catedrales y las universidades. Luego, a partir de un cierto momento, Europa creyó poder construirse sobre abstracciones ideológicas que encubrían el movimiento dominador del dinero, la técnica y el poder por el poder. El resultado ha sido la aniquilación. De hecho, ¿qué pinta hoy Europa en el mundo?

¿Cómo se forja la leyenda de la histórica oscuridad de la Edad Media? ¿En qué basa su defensa de la luminosidad medieval?
La defensa de la luminosidad medieval se basa en los propios hechos: al lado de ejemplos evidentes de brutalidad (no muy distintos, por otro lado, de los que vemos hoy en las páginas de sucesos de los periódicos: el hombre siempre es el mismo); al lado de eso, digo, la Edad Media reconstruye las bases de la ciencia y del conocimiento, y también las del arte. Después, los modernos, y especialmente a partir del XVIII, trataron de elevarse una estatua a sí mismos fabricando una imagen deliberadamente falsa del medioevo. Pongo un solo ejemplo: todo moderno cree que la Edad Media era horrible porque existían cosas como el "derecho de pernada", pero hoy sabemos que el tal derecho nunca existió y que fue un invento propagandístico de la Revolución Francesa. La Edad Media tuvo luces y sombras, como toda obra humana, pero las luces son mucho más numerosas de lo que hoy se cree.

Aprovechando que estamos en el Año Santo y que dedica en su ’Guía políticamente incorrecta la civilización occidental’ un espacio al Camino de Santiago como "columna vertebral de Europa", es buen momento para retomar una vieja pregunta: ¿es realmente el apóstol Santiago quien está enterrado en la catedral de Santiago de Compostela?
Eso sólo lo saben Dios y el propio interesado. Lo que sabemos es que allí está enterrado un hombre cuyo cadáver ha podido datarse entre los siglos I y II, que fue sepultado muy cuidadosamente y que, después, la tradición identificó con el Apóstol. Yo siempre he dicho que lo milagroso no es que allí esté enterrado Santiago, sino que ese remoto rincón de Galicia se convirtiera en ombligo espiritual de Europa durante varios siglos.

¿Por qué sostiene que la idea de los "derechos humanos" nació en la España del Renacimiento?
Porque la primera vez que se planteó en el plano político la igual dignidad de todos los seres humanos fue en aquella España, concretamente en la controversia de Valladolid, a mediados del XVI, cuando el emperador Carlos mandó detener la conquista de América y organizó un debate filosófico para comprobar si tenía derecho moral a someter las Indias. Es un episodio único en la Historia. Y en aquella controversia salieron a la luz conceptos que luego se recuperaron para fundar nuestra idea actual de los derechos humanos.

¿Por qué los españoles tenemos cierta facilidad para la creación de "leyendas negras" sobre nuestra propia historia, como la de la conquista y evangelización de América?
En realidad la leyenda negra no la hemos creado los españoles, pero nos la hemos creído, lo cual es incluso peor. España padece un problema de malestar consigo misma que se remonta al mismo siglo XVII, pero que alcanza extremos patológicos a partir de 1898, cuando el "desastre", y que desde entonces no ha dejado de arreciar. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque demasiada gente ha cometido el error de identificar nuestras carencias con nuestro pasado. Pero no: las carencias son siempre presentes. Y el pasado es un depósito donde nunca faltan provisiones adecuadas para el camino.

Hace pocos días Arturo Pérez-Reverte dijo que España es "un país de analfabetos", un país que desconoce "su propia historia" y que esa ignorancia es la que posibilita la aparición de leyes como la de Memoria Histórica. ¿Comparte usted esa opinión?
En buena medida, sí. La fórmula "país de analfabetos" es evidentemente retórica, pero es un hecho que nuestra sociedad, globalmente considerada, no está entre las más cultas del mundo, y basta ver cosas como los índices de fracaso escolar o la inexistencia de debates culturales en televisión, por poner sólo dos ejemplos evidentes. En una sociedad así, la manipulación política del pasado y del presente es más fácil que en otras sociedades con mayor conciencia de sí mismas y de la propia historia.

La lectura de "La Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental" deja un poso agridulce. Entre la dulzura de lo que tuvimos y la tristeza de lo mucho que se ha perdido y olvidado. En el viaje que proponen desde la Grecia clásica al "sangriento siglo XX" es difícil no entregarse al fin a un cierto desencanto. Sin embargo, terminan su libro hablando de esperanza y transmitiendo un mensaje optimista, advirtiendo que "Occidente no se suicidará así". ¿Ve algún síntoma de recuperación en los primeros latidos del siglo XXI?
Sí. Y para empezar, que ha crecido el número de quienes se detienen a mirar atrás para contemplar el rastro que nuestra civilización ha ido dejando. Hoy hemos identificado nuestros principales problemas y estamos en condiciones de rectificar. En ese sentido, estamos mucho mejor que hace medio siglo.

Por último, le propongo un ejercicio de ciencia ficción. Si pudiera elegir otra época, otro siglo para vivir. ¿A cuál le gustaría transportarse?
A mí, por temperamento, siempre me han gustado las épocas fundacionales, donde todo es más duro, pero donde el futuro está también más abierto. Por ejemplo, un paraje despoblado de Burgos en el año 802, al comienzo de la Reconquista, cuando todo tiene que comenzar de nuevo. Es la historia que he contado en otro libro, La gran aventura del Reino de Asturias. Me habría gustado estar ahí. Pero, por otro lado, cada generación tiene siempre su propia Reconquista. Y la de hoy no es desdeñable.
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La belleza de la delgadez

Acabo de leer el titular de la noticia de la modelo despedida de Ralph Lauren y he aprovechado para tratar el tema. Avanzo que nada de este texto se refiere al citado caso, que desconozco en detalle. Veamos…

 

No se trata de alabar ahora la belleza de los obesos. El siglo que pisamos acostumbra a resolver las cosas así. De un extremo a otro. De pronto la corrección política decide poner punto y final a una determinada injusticia social, tratando de situar a la víctima en un pedestal por el mero hecho de serlo. Y no es así.

 

Cada tiempo tiene sus cánones de belleza. En principio, no veo nada malo en que la delgadez forme parte del ideal de belleza de este momento. La anorexia es una terrible enfermedad. Pero es una enfermedad. Culpar de esta enfermedad a un determinado ideal estético carece de sentido. El problema es otro, aunque no sé si lo quieren decir.

 

A un sector de la clase política se le ha metido entre ceja y ceja que hay que luchar contra la tendencia de este siglo a considerar la delgadez como una virtud estética. Quieren emprender esa lucha, al tiempo que quieren acabar con la obesidad. Típica paradoja de procedencia política. El caso es que están dispuestos a hacer lo que sea. Conociendo el terreno, no descarto que a algún futuro ministro se le ocurra prohibir la flaqueza. Más tarde otro prohibirá la obesidad. Y todos listos. Como siempre, nuestros queridos gobernantes se quedan en la superficie de los problemas y no dedican ni un minuto a profundizar más allá de donde puede llegar el titular de un periódico o el vaivén de un telediario. Se pierden buena parte de la verdad.

 

En realidad, no veo nada malo en que los chicos y las chicas se sientan más atractivos si están delgados. Tampoco creo incompatible la belleza con cierto sobrepeso. En este caso, creo que ninguno de los extremos nos deja ver la luz. Pese a todo, considerar que los jóvenes sólo desean estar flacos porque están manipulados por las exigencias de la publicidad o de la televisión nunca me ha parecido un argumento demasiado sólido. El problema no es que el hombre del siglo XXI sitúe su ideal de belleza física en las proximidades de la mujer delgada, y viceversa. El problema es que tanto el hombre como la mujer consideren que lo único verdaderamente importante es lo que se ve, y a eso sí que contribuyen los tiempos que vivimos y todos sus agentes, incluidos la tele y la publicidad.

 

Lo preocupante, por tanto, no es que los jóvenes queramos estar más o menos delgados y morenos. Quizá dentro de algunos cánones de belleza, querremos de nuevo estar gordos, o pálidos. Lo malo es la enfermedad, que en buena parte es consecuencia de considerar que la única belleza válida es la estética. Eso, además de anular la belleza intelectual y la riqueza interior de cualquier ser humano, provoca toda una obsesión por acercarse al canon de belleza externo. De ahí a la enfermedad de llevar al extremo la delgadez sólo hay un paso. Un estúpido paso. Pero un paso, al fin.

 

No se trata de renunciar a la delgadez como ideal estético. Se trata de comprender que el hombre es algo más que eso. Mucho más.

Insuperable: son y siempre serán los Estados Unidos de América

Ha sido todo un espectáculo el despliegue tecnológico en torno a las elecciones de los Estados Unidos. Internet ha mostrado su mejor cara para administrar y ofrecer de forma ordenada todos los datos y noticias que han ido brotando desde la campaña. En los principales medios americanos el despliegue tecnológico fue asombroso y los multimedia preparados para la ocasión fueron de auténtico lujo.

 

Podemos sacar muchas buenas conclusiones de estas elecciones. Ninguna de tipo racial, a mi juicio. Hablar de triunfos raciales es admitir y propagar al racismo. A la raza hay que obviarla siempre. Lo que hay, lo que importan, son las personas, no las razas. Pese a que la gran parte de los medios de comunicación españoles incidan hoy en practicar el racismo, pretendiendo precisamente erradicarlo. O eso se supone.

 

Una de las mejores lecciones que podemos extraer de las elecciones de hoy es precisamente ese despliegue tecnológico. Esa cobertura espectacular, en la que –es justo decirlo- tampoco se quedaron atrás los medios españoles. Pasar por la web de la CNN o por la FOX ayer era toda una clase de diseño, de proyección, de comunicación digital, moderna y multimedia. Una gozada para los aficionados al periodismo.

 

La otra lección de las elecciones norteamericanas parece más evidente, pero no menos importante. De hecho es más importante. Tanto el nuevo presidente, Obama, como el candidato perdedor, McCain, ofrecieron discursos de altísima categoría. Elegantes, emocionantes y prometedores. Hemos de suponer que en el futuro la realidad no será tan bonita, y saltarán ciertas diferencias. Pero de momento, el mensaje de Obama resume a la perfección la lección que deberíamos aprender en España, si nuestra repugnante clase política no nos lo impidiese una y otra vez.

 

Obama dijo que había entendido bien el mensaje que los norteamericanos han enviado “a todo el mundo” con sus votos: “Que no somos una colección de estados rojos (republicanos) o azules (demócratas). Somos y siempre seremos los EEUU de América".

 

Inmenso. Enorme. No sé si a partir de mañana se dará a la delincuencia, a la corrupción, a la extorsión, a la división, a potenciar el odio o a atacar las libertades individuales (esto último, si cabe, mucho más improbable que todo lo anterior), o si tal vez será un gran presidente. No lo sé, ni creo que nadie pueda saberlo hoy. La verdad es que se sabe muy poco sobre qué es realmente Obama. Tal vez por eso ha ganado. Pero aunque no sepamos lo que va a ser su futuro, hoy hay que reconocer que su primera declaración de intenciones es sobresaliente. La escribo de nuevo, porque aparte de acertada, fina y elocuente, puede también resultar una frase histórica: “No somos una colección de estados rojos o azules. Somos y siempre seremos los Estados Unidos de América".

 

El coñazo del desfile

Mariano Rajoy parece haber tenido un gesto de solidaridad con la presentación de mi libro sobre la clase política española, dejándose abierto hoy un micrófono y soltando un exabrupto genial, que resume tan a la perfección la idea de fondo de "Un ministro en mi nevera" que casi puede considerarse parte de la campaña promocional del lanzamiento del libro.

 

Ha sido en La Coruña, al terminar un acto –otro coñazo, supongo-, cuando le ha comentado distendidamente a Javier Arenas: “Mañana tengo el coñazo del desfile, un plan apasionante”. Repetimos: “Mañana tengo el coñazo del desfile, un plan apasionante”. El desfile, lógicamente, es el del 12-O, el de la Fiesta Nacional. Y Mariano está que no duerme pensando en lo aburrido que va a ser contemplar a nuestros militares darse el garbeo de gala. Welcome to Spain. Un comentario así sólo puede escucharse en boca de un político español. Si ese micrófono abierto se lo hubiera dejado un político francés, alemán o americano, ya habría dimitido de su cargo.

 

Pero lo cierto es que no sería justo hacer ahora análisis más profundos sobre las cosas en las que realmente cree Rajoy y las cosas en las que no cree. Tengo mi teoría sobre ello, pero no es el momento. Lo único que me gustaría destacar de este magnífico resbalón del líder del Partido Popular es que se comprueba una vez más que esta clase política que sufrimos en España sólo se vuelve interesante, e incluso divertida, cuando se deja un micrófono abierto. Ahí estuvo Bono en su momento para reconocer que Blair “es un gilipollas integral”, o Zapatero para confiarle a Iñaki Gabilondo que lo que el PSOE necesitaba para ganar las elecciones era tensión en la calle y dramatismo en los mítines. Es una pena no hacer un gran hermano con políticos, porque sería infinitamente más interesante y divertido que las caras de cartón que vemos a diario en las comparecencias oficiales. Y, sobre todo, votaríamos con conocimiento de causa. No a ciegas, como ahora.

 

Volviendo al coñazo del desfile de Rajoy y a la vinculación directa o indirecta con mi libro, bien pensado, es una lástima que ese micrófono se haya quedado abierto ahora y no hace un año, porque “Mañana tengo el coñazo del desfile” habría sido un título magnífico para “Un ministro en mi nevera”.

Ventanas, filosofía y refranes idiotas

Viendo el mundo desde cualquier ventana uno ha de asumir ciertas limitaciones a la hora de valorarlo. Esta es una buena reflexión para los autores, pero es también una cansina imposición de los especialistas en prohibir y censurar la opinión ajena. Lo dicen con tanta frecuencia para censurar nuestros argumentos, que acabamos cansados de escucharles. Esa ventana es precisamente lo que me permite hablar del mundo, comparar, elegir, seleccionar, pintar, criticar, y abarcar.

 

Ese estúpido refrán,“el que tiene boca se equivoca”, no resiste ni dos minutos de discusión seria. La prueba es que “el que tiene boca no se equivoca” también rima y también es cierto. E incluso “el que no se equivoca, tiene boca”; rima menos pero es más cierto aún. Es lo malo de los refranes manoseados: que nos pueden dejar en ridículo y seguir rimando.

 

Con boca o sin boca, es verdad que sólo para equivocarse hay que enfrentarse a un problema y tratar de resolverlo. Por eso se equivocan tan pocos... De la opinión pública del siglo XXI se pueden decir muchas cosas, pero rara vez se puede afirmar que se equivoca al valorar los grandes asuntos. Para equivocarse es necesario un cierto cara a cara con el problema. Cuando se adoptan sin más las ideas masticadas y digeridas por estómagos ajenos –sean o no intoxicadores, y digan o no la verdad- no podemos hablar exactamente de equivocación.

 

Adocenados, llanos, vacíos. Así respiramos por las calles de la propaganda. Sin capacidad de reacción, de frenar y analizar. Por eso, los de arriba, han visto claro el jaque mate. Por eso quieren hacer desaparecer la filosofía de las aulas. Sin filosofía, sin religión y sin nadie que abofetee nuestro intelecto, o que pellizque nuestra conciencia, estaremos en condiciones de ser poseídos por la propaganda. No podrá decirse de nosotros que nos equivocamos en tal y o cual asunto. No. Podrá decirse, sólo, que somos tontos.

 

 

 

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A vuela pluma

A la luz de los últimos acontecimientos de actualidad, envío un comentario a vuela pluma sin ánimo de nada: algunos se han creído que esto de defender la "dignidad" era una vulgar estrategia, que "todos" mantenían con el único objetivo de ganar unas elecciones. Algunos viven por y para ese triste objetivo. Una frívola estrategia que ya no les sirve si no se ve recompensada con el premio del coche oficial. Pobre "dignidad" con esos guardaespaldas.

Miedo: ¡España será un desierto en 2013!

Coño, leo en La Gaceta de los Negocios que España se secará en cinco años. Me he puesto a recoger tinas de agua como un desgraciado, en un primer impulso. Después he vuelto sobre el texto del periódico y hay algunos matices. No lo dice La Gaceta, sino un meteorólogo cuyo nombre no viene al caso. El del alarmismo sigue siendo el único debate científico que quienes manejan el cotarro medioambiental desde los poderes públicos -incluyo, ampliando, a este respetable meteorólogo y asesor de la Comisión Europea desde 1974- están dispuestos a mantener. Bien es cierto que de no existir tanta alarma no harían falta tantos asesores, ni tantos científicos. Y que alarma, supongo, es ese concepto de emergencia urgente que supera al problema y que está por encima de éste. O sea, que interesa la alarma a quienes viven de esto.

No he terminado de leer la entrevista. No estoy preparado para leer una entrevista en cuyo titular el entrevistado nos amenaza con mil plagas climáticas, por muy experto que sea, que no lo dudo. Detesto la cínica forma de funcionar de Al Gore, que es exactamente ésa. Es el viejo "el fin justifica los medios". Al Gore ha reconocido abiertamente haber mentido en sus ponencias y documentales, porque dice que el fin que persigue llegará antes si logra causar suficiente alarma en la población. Lo que realmente me causa alarma son las cifras de ingresos del Complejo Al Gore y el lujo que rodea su vida.

Pero Al Gore es un caso perdido. No creo que cambie su actitud porque no creo que le preocupe el futuro del planeta, sino el futuro de sus cuentas bancarias. No acostumbro a escribir simplezas de este tipo, pero es que por más que lo intento no veo otra cosa alrededor del anchísimo Al Gore. Pero como digo, es un caso perdido. Lo que ya me irrita más es que un asesor que lleva desde el 74 trabajando en esto venga ahora a subirse al carro del alarmismo barato de Al Gore, e imitando su tono apocalíptico nos cuente que en cinco años vamos a estar completamente secos en la Península Ibérica. Lo que no ha dicho es nacerán entre tres o cuatro volcanes de fuego por comunidad autónoma, ni si las montañas saldrán volando hacia el cielo mientras las nubes escupirán chorros de lava, ni si nacerán dinosaurios de cuatro cabezas de los entonces inexistentes océanos que nos rodean.

Ganará mucho la Tierra el día en que desbanquemos al alarmismo -o a los alarmistas- de tantas ONG, tanto organismo público y tanto Observatorio para la Contemplación del Fin del Mundo. Ese día podremos abrir el debate ambiental y quizá arreglar algo, si es que está en nuestras manos. Cómo cansa ya que cada día aparezca en la prensa un científico diferente dando coba a tanta farsa. Abramos el debate y dejemos las conclusiones para el final del debate. Nos irá mejor.

Pero en fin, para los fans del terror y para los que os entusiasma todo esto del "clima climático", aquí está el enlace a la famosa entrevista-alarma.

Mediocridad solemne

El verso, el juego de la palabra, los lugares comunes. La voz grave y la oratoria de sobresaliente. Hueco de contenido real. El rechace, el revés, el libre directo. Aguanta, resite, devuelve. Rebota y explota. Se llenan, se iluminan. Él se hincha como un pavo real, vacío de ideas, de principios. Rodeado de troncos secos obedientes, moralmente indignos. El poder.

Y sé que tú los contemplas con los ojos asustados y piensas lo mismo que yo: "mediocridad solemne".

Faltan ideas y sobran palabras

No existen tantas ausencias de cosas o acciones como se nos pretende hacer creer, exiten presencias de otras. La gente, habitualmente, no pierde la vida, sino que se muere de forma más o menos inesperada. Las voluntades de unos y otros juegan un papel bastante menos relevante que sus hechos y decisiones, y sin embargo día a día nos empeñamos en encumbrarlas a la más alta de las categorías. Los ejemplos darían para un post demasiado extenso.

Ahora más que nunca vivimos tiempos de palabras. De palabras huecas. De mensajes, de frases bonitas. De tonterías semánticas de primer nivel, carentes de todo significado pero que encuentran en ese vacío la razón de ser de su éxito y su popularidad. En la prensa, en boca de los famosos, de los políticos, en esas abominables ruedas de prensa, no paran de lanzarse a diestro y siniestro frases completamente vacías. Grandes verdades carentes de contenido real, frases ante las que no queda más remedio que asentir aún sabedores de que estamos afirmando la propia afirmación, como quien riza el rizo por acto reflejo.

Lo políticamente correcto mezclado con lo políticos que quieren ser los correctos y sumado a lo correctos que pretenden ser los políticos terminará por ahogarnos en el vacío. No es un problema nuevo, algunos llevan mucho tiempo diciéndolo: faltan ideas y sobran palabras.

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