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Blog Personal de Itxu Díaz

El día en que Zidane no metió la pata, sino la cabeza

El libre directo de Zidane contra el italiano nos trae de cabeza estos días. El astro francés de sangre fría perdió la cabeza ante las punzadas de pésimo gusto del otro tonto. El cabeza de la selección francesa estropeó así el previsto broche de oro a su extraordinaria carrera. En el fútbol, lo más importante, lo habréis oído mil veces, es controlar la multicitada cabeza...

Pero lo que ma asombra de todo este lío es el poder de la prensa deportiva internacional y la repercusión que ha tenido la agresión. Zidane, por el que no tengo especiales simpatías, tiene todo el derecho del mundo a perder los nervios en la final del Mundial. Aunque no deja de ser un poco absurdo que, a sus años y con su experiencia, haya cometido un error así. Lo de que no se "arrepienta" pero sí "pida perdón" está ya más cercano a los partidillos de patio de colegio. ¿Recuerdan cuando el profe obligaba a Juanito y Jorgito a darse la mano y tras proceder a las supuestas paces Jorgito le sacudía un invisible lechazo de despedida a la altura de la espinilla al burro de Juanito?

Después de tantos partidos, tantas finales y tantos sufrimientos en el césped, Zidane habrá escuchado de todo, porque la realidad es que futbolísiticamente no hay forma humana de pararle, por lo que cabe dentro de lo razonable que los rivales -en una final de copa del mundo- traten de atacarle por el terreno psicológico. Es el día a día del fútbol...

Estos días hemos visto periódicos que trataban de leer los labios de ambos futbolistas y transcribir sus palabras. Algunos se han inventado tamañas gilipolleces que los propios implicados se han puesto de los nervios y han comenzado a soltar prenda sobre los pormenores de su intercambio dialéctico. No sé qué es peor. Resulta sorprendente que uno tenga que justificar ante el mundo entero un maldito cabezazo. Hay astros del fútbol que no tiene intimidad ni para sacudirle a otro en petit comité.

Yo de Zidane, en lugar de sacudir un castañazo, habría destinado todos mis esfuerzos hasta el final del partido en hacerle caños y dejarlo sentado a quiebros una y otra vez. Sin más objetivo que humillarlo futbolísticamente, aunque ello costase el partido a Francia. Habría sido un final más apropiado para Zidane.

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